Escrito por la mayor de las hermanas Brontë, Charlotte, en el año 1847, Jane Eyre narra una historia de amor, rebeldía y honor. Aunque se trata de una novela adaptada en numerosas oportunidades, tanto para el cine como para el teatro y la televisión, la crítica recuerda con especial aprecio la versión de 1943, dirigida por Robert Stevenson con Orson Welles y Joan Fontaine en los roles protagónicos. Es más: se considera que en esa puesta en escena influyó mucho la estética expresionista del propio Orson Welles.
Pero esta nueva versión, a cargo del director Cary Fukunaga, el mismo que dirigiera hace un par de años el drama titulado Sin nombre, ha puesto los recuerdos en remojo. Hacía tiempo que una adaptación literaria no generaba tanta admiración y consenso. El reparto esta encabezado por la bella Mia Wasikowska (Alicia in Wonderland) y por el actor Michael Fassbender (Bastardos sin gloria) en el rol del enigmático Edward Rochester.
Las primeras imágenes de esta realización muestran a una protagonista que no está en paz consigo misma. Algo la perturba y de algo pareciera estar escapando. No sabemos de qué, pero intuimos que su trauma está asociado al pasado. Poco después, rodeada por un pasaje tan bello como amenazador, la chica es encontrada y cuidada por St. John River y sus dos hermanas. Lentamente el relato comienza a saltar en el tiempo, desde que Jane era una niña al cuidado de una tía fría y distante, hasta que se educa en un internado particularmente estricto y termina desempeñándose en la mansión de Rochester como institutriz de una niña pequeña. El eje central de esta historia se despliega ahí y va a adoptar el formato de un amor imposible. Imposible por las diferencias de clase. Imposible por los compromisos que Rochester tiene con una tal señorita Ingram. E imposible -no en último lugar- por la carga de pasado que Rochester sobrelleva sobre sus hombros.
Perteneciente a la corriente del gótico victoriano, este relato exuda determinación, fatalidad y feminismo. Aquí encontramos a una mujer con sus convicciones claras, que anhela un proyecto de vida y que advierte que el mundo es un espacio reservado a los hombres, algo que ella no acepta ni entiende. ¿Por qué habría de hacerlo? ¿No es ella, acaso, tan voluntariosa y capaz como pueden serlo los hombres? Según las convenciones de la época, no lo era, pero esto no la detendrá para hacer valer sus derechos.
Mia Wasikowska, actriz de enorme solvencia en películas como Nuestra familia y en la serie de HBO In Treatment, soporta gran parte del peso dramático del relato, y lo hace con gran aplomo. Su Jane Eyre es una mujer rebelde y honorable, de un encanto único y de una madurez envidiable. Fassbender, por su parte, crea un ser dañado y oscuro, lleno de fisuras, pero que sin importar los errores que haya cometido en su vida, se transforma en un personaje que comprendemos y acompañamos.
Para A. O. Scott, crítico del New York Times, esta adaptación es "un ejemplo espléndido de cómo abordar la enorme tarea de convertir una obra literaria universalmente adorada en una película imponente". A su juicio, "el filme de Fukunaga cuenta esta venerable historia con renovado vigor y un astuto sentido del detalle emocional".
Gran punto de partida para el festival. Una película que no defraudará ni a los amantes de la literatura ni a los cinéfilos.
Fuente: Diario la Tercera
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